Mi primer acercamiento al arte fue a través de la música en el conservatorio: piano, canto lírico, foniatría, dicción en varios idiomas, expresión corporal...
Recién al terminar el secundario me metí
de lleno en el teatro, y así comenzó casi una adicción a tomar
clases: danza, expresión corporal, sensopercepción,
pantomima, canto, liberación de la voz, en fin, los cursos habituales de
la formación del actor.
Mucho más tarde, ya viviendo en Río de Janeiro, comencé a
trabajar más profunda y exclusivamente con el cuerpo. En Río todo es tan
físico, tan fuerte, tan contundente.
El cuerpo del carioca tiene una libertad impensada
para un porteño, toda su expresión es abrumadora para nosotros. La
gente baila desarticuladamente, cualquiera canta desde la
garganta sin técnicas y suena impresionante!
Tuve una maravillosa profesora de dicción mientras
grababa una miniserie, en la vieja TV Manchette,
que se reía de mí y decía que los porteños nunca aprendíamos a
pronunciar bien el idioma porque nos daba vergüenza articular, abrir la boca y
lanzar el sonido de la manera que debía hacerse para poder hablar
portugués-carioca!
En Brasil, todo es diferente,
diferencia marcada por la intensidad, por el tamaño, por la cantidad. El
rojo, el amarillo, el verde son por
demás intensos. Se ven en la calle, en todos lados, tan acostumbrada
que estaba a las calles de Buenos Aires llenas de ropas grises,
marrones y negras. Los tamaños de las plantas son enormes. Las emociones son
contundentes, los movimientos violentos, ágiles.
Mi mirada cambiaba, estaba conociendo
otra forma de expresar, de comunicar lo que sentía.
De repente mi vida se detuvo. Comenzó un
pequeño infierno…
Una enfermedad grave, una cirugía
riesgosa, un desgarrador dolor físico...
Sí, hay muchas historias como esta: “una
fatalidad, por llamarlo de alguna forma, que te lleva a un camino nuevo en la
vida”. Fue entonces que comenzó
mi derrotero por los trabajos terapéuticos para aliviar el dolor. Salí un
tiempo del psicoanálisis, como paciente, y
conocí la terapia bioenergética, la terapia Junguiana, la técnica de Cráneo-Sacro, el
trabajo de Terese Berterat,
de Matthias Alexander etc.
Cambié alguna que otra lectura de Freud,
por su
discípulo más rebelde: Reich y luego Lowen y Adriana (Nana) Shnake y
otros tantos terapeutas, psiquiatras, que hacen lecturas determinadas de
síntomas o trabajan directamente con el cuerpo.
Nuevamente Buenos Aires.
Mi conocimiento del dolor físico fue inusual, las técnicas aprendidas en busca de alivio
cobraron un sentido mayor, entonces por casi ocho años, me dediqué a trabajar con “Masajes
Terapéuticos”, así lo llamaba, denominar un procedimiento práctico resulta
siempre insatisfactorio, lo cierto es
que ayudaba a las personas a aliviar sus dolores físicos y emocionales, con
trabajos con el cuerpo, con masajes, con técnicas de respiración …
Trataba a una persona por dolor en
las cervicales y en el masaje descubría las conexiones con sus
problemas en la voz, con la emisión del sonido de la
palabra.
Las constelaciones Familiares, las técnicas del actor, los ejercicios de bioenergética ayudaban a encontrar finalmente un alivio profundo.
Algunos terapeutas me derivaban sus
pacientes: atendí por ejemplo a una mujer que no se dejaba tocar porque sentía
que el cuerpo le pinchaba, literalmente sentía que "le clavaban
clavos en los pies"·. Junto con su terapia, el trabajo con el masaje y
otros ejercicios que desarrollé, en menos de un año desapareció el
síntoma.
Más adelante iré describiendo en el blog, los casos puntuales para quien se interese en estos temas.
Hoy volví a mi trabajo como actriz.
También doy clases de teatro, clases de expresión
del cuerpo y la voz, clases para narradores de cuentos y para
cualquier persona que necesite un lugar de contacto consigo mismo.
Mi tarea es simplemente acompañar a otros a descubrir dónde está su
capacidad. Apoyar, al profesional, a la persona a alcanzar un nivel óptimo de
satisfacción en aquello que se propone y necesita, a reconocerse y
encontrar las herramientas necesarias para construir lo mejor para
sí.
No existe una técnica única, no hay dos
personas iguales. Un mismo ejercicio puede funcionar en un momento en alguien y
más tarde no volver a servirle. Las situaciones son tan exclusivas
como cada persona y su circunstancia.
El proceso es lento, se necesita mucha paciencia, cariño por uno mismo, y por sobre todo la necesidad profunda de querer lograrlo.
L.V.
“Nada puedes enseñarle a un hombre, solo
puedes ayudarlo a que lo descubra dentro de sí mismo.”
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