Bio

Posted by Vota Leticia | Posted in | Posted on 19:51






 Mi primer acercamiento al arte fue a través de la música en el  conservatorio: piano, canto lírico, foniatría, dicción en varios idiomas, expresión corporal... 
Recién al terminar el secundario me metí de lleno en el teatro, y así comenzó casi una  adicción  a tomar clases: danza, expresión corporal,  sensopercepción, pantomima,  canto, liberación de la voz, en fin, los cursos habituales de la formación del actor.

Mucho más tarde, ya viviendo en  Río de Janeiro, comencé a trabajar más profunda y exclusivamente con  el cuerpo. En Río todo es tan físico, tan fuerte, tan contundente.

El cuerpo  del carioca tiene una libertad impensada para un porteño, toda su expresión  es abrumadora para nosotros. La gente baila  desarticuladamente, cualquiera canta  desde la garganta sin técnicas y suena impresionante!
Tuve una maravillosa  profesora de dicción mientras grababa  una miniserie, en la vieja  TV Manchette, que  se reía de mí y decía que los porteños nunca aprendíamos a pronunciar bien el idioma porque nos daba vergüenza articular, abrir la boca y lanzar el sonido de la manera que debía hacerse para  poder hablar   portugués-carioca!
En Brasil,  todo es diferente, diferencia  marcada por la intensidad, por el tamaño, por la cantidad. El rojo, el amarillo, el verde son  por demás intensos.  Se ven en la calle, en todos lados, tan acostumbrada  que estaba  a las calles de Buenos Aires llenas de ropas grises, marrones y negras. Los tamaños de las plantas son enormes. Las emociones son contundentes, los movimientos violentos, ágiles.
Mi mirada cambiaba, estaba conociendo otra forma de expresar, de comunicar lo que sentía.
De repente mi vida se detuvo. Comenzó un pequeño infierno…
Una enfermedad grave, una cirugía riesgosa, un desgarrador dolor físico...
Sí, hay muchas historias como esta: “una fatalidad, por llamarlo de alguna forma, que te lleva a un camino nuevo en la vida”. Fue entonces que  comenzó mi derrotero por los trabajos terapéuticos para aliviar el dolor. Salí un tiempo del psicoanálisis, como paciente,  y conocí la terapia bioenergética, la terapia Junguiana,  la técnica de Cráneo-Sacro, el trabajo de  Terese Berterat, de  Matthias Alexander etc. Cambié alguna que otra lectura de  Freud,   por   su discípulo  más rebelde: Reich y luego Lowen y Adriana (Nana) Shnake y otros tantos terapeutas, psiquiatras, que hacen lecturas determinadas de síntomas o trabajan directamente con el cuerpo.
Nuevamente Buenos Aires.
 Mi conocimiento  del dolor físico fue inusual,  las técnicas aprendidas en busca de alivio cobraron un sentido mayor, entonces por casi ocho años, me dediqué a  trabajar con “Masajes Terapéuticos”, así lo llamaba, denominar un procedimiento práctico resulta siempre insatisfactorio,  lo cierto es que ayudaba a las personas a aliviar sus dolores físicos y emocionales, con trabajos con el cuerpo, con masajes, con técnicas de respiración …

Trataba a una persona por  dolor en las cervicales y en el masaje descubría las conexiones con  sus problemas  en la voz, con la emisión del sonido de la palabra. 

Las constelaciones Familiares, las técnicas del actor, los ejercicios de bioenergética ayudaban a encontrar finalmente un alivio profundo.

Algunos terapeutas me derivaban sus pacientes: atendí por ejemplo a una mujer que no se dejaba tocar porque sentía que el cuerpo le pinchaba, literalmente sentía  que "le clavaban clavos en los pies"·. Junto con su terapia, el trabajo con el masaje y otros ejercicios que desarrollé, en menos de un año desapareció el síntoma. 

Más adelante iré describiendo en el blog,  los casos puntuales para quien se interese  en estos temas.

Hoy volví a mi trabajo como actriz. También doy clases de teatro, clases  de expresión del cuerpo y  la voz, clases para narradores de cuentos  y para cualquier persona que necesite un lugar de contacto consigo mismo.

Mi tarea es simplemente  acompañar a otros a  descubrir dónde está  su capacidad. Apoyar, al profesional, a la persona a alcanzar un nivel óptimo de satisfacción en aquello que se propone y  necesita, a reconocerse y encontrar  las herramientas necesarias para construir lo  mejor para sí.
No existe una técnica única, no hay dos personas iguales. Un mismo ejercicio puede funcionar en un momento en alguien y más tarde no volver a servirle. Las situaciones son  tan exclusivas como cada persona y su circunstancia.

El proceso es lento, se necesita mucha paciencia, cariño por  uno mismo, y  por sobre todo la necesidad profunda de querer lograrlo
.

L.V.


“Nada puedes enseñarle a un hombre, solo puedes ayudarlo a que lo descubra dentro de sí mismo.”

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